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Mauri Beltrán

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15 – Convertirme en un Especialista de Cine

enero 12, 2025 por Mauri Beltrán Leave a Comment

¿Cuál es el desafío?

Cumplir el sueño de recibir la formación de especialista de cine (stuntman) y trabajar en una película o serie.

¿De qué tienes miedo y por qué?

Miedo a no sentirme válido para trabajar de ello.
Miedo a no encontrar trabajo de ello.
Miedo a lesionarme gravemente.
Vergüenza delante de una cámara y temor a paralizarme.
Miedo a sentirme incapaz de hacer una escena de riesgo concreta en mitad de un rodaje.

¿Qué tal ha ido la experiencia?

Los especialistas de cine, conocidos en inglés como stuntman (o stuntwoman, en el caso de mujeres), son profesionales que realizan escenas de acción o riesgo en películas, series, comerciales o cualquier producción audiovisual. Estas escenas incluyen actividades que serían demasiado peligrosas, físicamente exigentes o técnicamente complejas para los actores principales.

Y es que, cuando veas en una película cualquier personaje que pelea, hace acrobacias, saltos, conduce peligrosamente, monta a caballo y un largo etcétera de actividades, lo más probable es que sea un especialista de cine quien encarna ese personaje.

«Actores de acción» yo lo llamo…

Las películas fantásticas, de aventuras y acción siempre fueron mis favoritas. Soñaba con convertirme en Rick O’connell en «La Momia» o convertirme en un hábil espadachín y arquero como Legolas en «El Señor de los anillos». Y es que, desde pequeño, pasaba muchas tardes en mi casa recreando todo tipo de películas y escenas con mi imaginación, esgrimiendo un palo o una katana de madera.

Esbozaba cómics en clase de matemáticas de primaria recreando batallas cómo «la batalla del abismo de Helm» o «la guerra de las termópilas». Definitivamente, disfrutaba convirtiéndome en un personaje de acción y aventuras.

Sin embargo, ese sueño siempre estuvo guardado en el cajón de los recuerdos y jamás podía vislumbrar, que en algún momento de mi vida podría llegar a trabajar de ello. Pero si has leído algunos de los miedos de esta lista que estoy creando, a estas alturas creo que ya me vas conociendo y cualquier cosa que esté grabada en mi mente, de alguna u otra forma, trato de experimentarla.

Trabajar en alguna producción cinematográfica era un sueño que mantenía desde bien pequeño, no obstante, en 2019 el sueño pasó a convertirse en objetivo y comencé a trazar un plan para su realización.

Las principales escuelas que formaban a especialistas de cine estaban en Madrid y en Barcelona. Yo que vivía en Sevilla tenía que dilucidar sí irme a una ciudad a otra. Sin embargo, indagando un poco en internet di con una escuela en Sevilla, y además…¡cerca de mi casa!

Y, honestamente, la idea de formarme como especialista me ilusionaba, pero como siempre sucede, también sacaba a relucir todos mis miedos. Comenzando por el propio miedo a no ser capaz de hacer el tipo de cosas que se piden en los rodajes, o también, el miedo a hacerme daño físico grave, pues no deja de ser un trabajo que mal gestionado puede ser realmente peligroso.

Y cómo me conozco en ese sentido, se que si le doy vueltas a un tema puedo quedarme meses intentando encontrar una decisión pero sin decantarme por una en concreto, así que en ese caso aprendí de mis habituales errores y le di una patada en el culo mental a mis pensamientos negativos inscribiéndome al curso en el centro NOIDENTITY, centro el cual, a día de hoy, agradezco enormemente todo lo que me ha dado y permitido ser.

Cientos de horas de entrenamiento y cientos de fallos. Todo para poder convertirme en algún momento en un «Stuntman». Y, gracias a Dios, lo logramos. Este vídeo representa una pequeña muestra de la enorme cantidad de fallos que viví a lo largo de muchos meses, aunque en realidad tengo más vídeos guardados en rodajes, ensayos previos o incluso en otro tipo de contextos.
Algunos de mis apuntes que guardo en mi carpeta «Stuntman». Técnicas de lucha específicas, grabación de escenas…

Creo que me tomé muy en serio mi formación. Y es que, no sólo tomaba las clases reglamentarias, sino también me pasaba horas entrenando en casa, en el centro de formación, leyendo libros en inglés acerca del gremio, doblando mis sesiones de entrenamiento físico, estirando mis piernas hasta alcanzar un «spagat».

La energía por convertirme en un auténtico profesional brotaba por todas mis células y aprovechaba todas las horas que podía para absorber conocimiento y ponerlo en práctica. No exagero si te digo que por muchos meses entrenaba más de 5-6 horas diarias, además de hacerlo con gusto. Es evidente que cuando algo te gusta, la medida de tiempo pasa a segundo plano.

Apuntes y más apuntes



Aprendimos una gran serie de técnicas en el centro de formación, incluyendo esgrima, parkour, saltos, acrobacias, lucha escénica, fuego, rigging, proyección de voz, actuación…

Me lo pasaba pipa, mi mente y mi corazón estaban verdaderamente alineados por trabajar duro y coger experiencia lo más rápido posible. Realmente siempre he funcionado de esa forma, cuando algo realmente enciende la llama en mi interior, pongo todo mi empeño, mi energía y mi corazón en ello para alcanzar aquello que me he propuesto.

(Si quieres ver más contenido de especialista de cine, puedes verlo en mi antigua cuenta de Instagram)

Pocos meses después, gracias a Dios, y quizá también una pizca de suerte, quizá el trabajo duro, o algo que vio mi profesor, hizo que tuviera mi primer trabajo profesional (previamente ya había asistido a algún rodaje y había estado como «aprendiz», observando y aprendiendo. Además en una serie que me encanta;»la que se avecina».

Trabajar allí fue una experiencia realmente increíble para mí y comprendí que si realmente una persona se toma enserio algo qué quiere hacer, existen altas probabilidades de que esto suceda, siempre y cuando haya disciplina y metas claras.


Mi primer trabajo profesional en el mundo audiovisual en «la que se avecina»


El sueño, se convirtió en realidad y para los siguientes meses el trabajo seguía llegando de mano de la misma escuela en la que me formé, NOIDENTIY.

Mi trabajo estuvo tanto en cámara como fuera de ellas. En pantalla, me he puesto en los ropajes de un caballero medieval, de noble, de guardia real, de guardia de seguridad, de escolta privado, de San Francisco de Asís, de agente S.W.A.T, de diferentes soldados de ejércitos, de camarero/»terrorista», de agente de policía…

Fuera de cámaras también trabajé asistiendo a otros especialistas, ya sea participando en la coordinación de una escena o preparando y asistiendo a algún compañero, pues para este tipo de trabajo no puede quedar ningún cabo suelto.

Sin duda, ha sido una de las experiencias más maravillosas que vivido, y desde entonces, veo las películas de otra forma. Las disfruto más, también a veces las analizo más, y también me emocionan aún más.

Incluso tuve el privilegio de poder formar parte del elenco de jueces de un festival de cine de acción, el NIAFFS, en el que se presentaban cientos de películas de acción del territorio nacional e internacional.


¿Cómo una persona tan temerosa como yo ha podido trabajar en un lugar así? ¿Un lugar reservado para las personas más «aventureras» y arriesgadas del mundo? Los stuntman, aquellos que no temen a nada y que cuando llegan al set se hacen notar, son «los tíos duros».

La verdad es que, las personas que trabajan como stuntman son personas normales. En mi caso, todo el equipo con el que trabajé, eran personas maravillosas y trabajadoras que siempre me ayudaron y que se tomaban en serio su trabajo. Creo que esa era la clave, tomar en serio el trabajo. Que cada una de ellas fuera mas o menos temerosa, ya corresponde contestar esa pregunta a las personas en cuestión.

En mi caso me tomaba mi formación, y mi posterior trabajo, muy en serio. Y tuve que gestionar muchas veces el miedo, pues es cierto que si vas a realizar una acción concreta con exceso de miedo, es mejor no hacerla, ya que te bloquearías o incluso algo peor. Así que tuve que lidiar en muchos momentos con la incertidumbre y poder hacer las paces con ella para dejarme caer desde un muro, hacerme el muerto mientras escucho los pisotones de un caballo cerca de mí o atravesar una ventana.

Es momento de hablar acerca de los miedos. Y es que, no solamente tenia miedo antes de apuntarme al curso. Como escribí en las anteriores líneas, decidí no darle más vueltas al tema de inscribirme y lo hice, ya que en esos momentos no había ninguna escena que hacer o ninguna acción qué realizar. Sólo apuntarme al curso y completarlo.

Gracias al curso, no sólo mejoré mis capacidades físicas, también las mentales. Mi relación con el miedo mejoró y mi umbral de riesgo se expandió. Por lo que, aprendí que a base de entrenamiento y repetición, cualquier miedo se puede ir transformando y moldeando para dar paso al verdadero potencial humano, al crecimiento personal y espiritual de una persona. Es ahí donde está la verdadera transformación. Viéndole la cara a los miedos, bailar con ellos y ver cómo se convierten en plataformas lanzaderas y entender que no eran tan terribles como uno cree.

Una vez el trabajo empezó a llegar, nuevos miedos aparecieron. Quizá hay personas que piensen que las personas que trabajan en ese tipo de negocios, no le temen a nada y son capaces de saltar de las alturas más altas, o hacer las acciones más arriesgadas sin un ápice de temor.



No sé si existen personas en este gremio con una percepción del miedo lo más cercana a cero. Desde mi punto de vista, entiendo que hay personas con una percepción de riesgo mayor y otras con un grado menor. No obstante, no puedo hablar del resto de personas, porque cada una tiene su historia personal. Únicamente puedo aportar mi punto de vista.

Honestamente, muchas de las cosas que tuve que hacer, me generaban miedo. Ya solamente aparecer en cámara, aunque solamente tuviera que andar haciendo guardia, solamente eso, cuál soldado y mi cara ni se llegase a distinguir entre las decenas de personas que aparecían en pantalla, me daba pavor, así que imagínense…

Algunas escenas más que otras me generaban miedo, pero sí puedo asegurar que el temor surgía cuando había que prenderse fuego o hacer una coreografía de lucha con espadas de metal, fuego de por medio, caballos y todo tipo de obstáculos por el escenario o, en definitiva, muchas de las acciones que nos proponían para realizar.


Trabajando y formándome como especialista entendí en su plenitud que los miedos se entrenan. Con entrenamiento y objetivos bien definidos todo es posible. Cuando tienes que hacer una escena concreta, la ensayas, la entrenas y repites hasta que lo difícil se convierte en fácil. En ese momento estás preparado.







Filed Under: #50PrimerosMiedos

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